02 Logística rural · 9 de agosto de 2026

California arranca 38.000 acres de viñedos porque sobra uva y falta comprador

En Lodi, Sonoma y el Valle Central hay campos enteros donde ya no queda una sola planta. No fue una helada ni una sequía. Fue el mercado, que dejó de absorber lo que California produce desde hace más de un siglo.

(El dato que ordena esta nota: entre octubre de 2024 y agosto de 2025 se removieron 38.134 acres de viñedos en California, según el relevamiento de la California Association of Winegrape Growers. Es la superficie más grande arrancada en un solo período en la historia reciente del estado, y no termina ahí: la industria proyecta otros 40.000 acres menos para este año.)

California no es un productor cualquiera. Con casi 5.000 bodegas activas, es la base de más del 80% del vino que se produce en Estados Unidos, y durante décadas construyó ahí una infraestructura completa: viveros, cooperativas de cosecha, transporte especializado, plantas de fraccionamiento, exportadoras, turismo enológico. Napa y Sonoma se volvieron nombres reconocidos en cualquier góndola del mundo. Lodi se especializó en Zinfandel a gran escala. El Valle Central sostuvo durante años el volumen que después terminaba embotellado con etiquetas de regiones más prestigiosas.

Esa misma infraestructura es la que hoy está bajo tensión.

Sobra uva, falta quien la compre

El problema no es de un año. Viene acumulándose desde la vendimia récord de 2018, la más grande en la historia del estado, que dejó un excedente que el mercado nunca terminó de absorber. A eso se sumaron los incendios y la pandemia de 2020, que golpearon la cadena de distribución, y una caída sostenida del consumo de vino en Estados Unidos desde 2021. En 2025 el volumen vendido llegó a 329 millones de cajas, contra 335,9 millones el año anterior, según el reporte State of the U.S. Wine Industry de Silicon Valley Bank. La facturación del sector cayó de 75.500 a 74.300 millones de dólares.

Sonoma County Winegrowers, la entidad que agrupa a los productores de esa zona, calcula que cerca del 30% de la uva cosechada esta temporada directamente no va a encontrar comprador. En Lodi, entre el 15% y el 20% de la superficie plantada ya desapareció. En el condado de Monterey, una empresa que manejaba 3.200 acres durante 50 años anunció que la cosecha 2025 iba a ser la última.

Detrás de cada acre arrancado hay un contrato que no se renovó. Las bodegas grandes, que son las que compran la mayor parte de la uva a productores independientes, redujeron sus volúmenes de compra en 2025. Sin contrato firmado, un productor no puede acceder a crédito bancario para sostener el cultivo, porque el banco no tiene garantía de que esa uva se va a vender. Ahí es donde la cadena se corta: sin financiamiento, arrancar la planta termina siendo más barato que mantenerla en pie.

El costo de no cosechar

Lo llamativo es que muchos productores ni siquiera llegan a arrancar los viñedos. La normativa ambiental de California hace que limpiar un lote sea caro, y en Lodi describen campos enteros con uva podrida, sin cosechar, rodeados de plantas activas. Ese abandono no es un problema estético: genera un foco de plagas y enfermedades, como la chicharrita del vector de enfermedades bacterianas o distintos hongos, que después se trasladan a los campos vecinos que sí siguen produciendo.

Chris Indelicato, de Delicato Family Wines, explicó que hoy cultivar un viñedo cuesta un 65% más que hace cinco años. Cuando ese costo supera lo que las bodegas están dispuestas a pagar por tonelada, no hay margen posible. En Mendocino, un productor llegó a vender 210 toneladas de Chardonnay a 500 dólares la tonelada, apenas lo necesario para cubrir el costo de la cosecha, sin ganancia.

El mercado de vino a granel, que suele ser el termómetro más sensible del sector, confirma la misma tendencia. El inventario pasó de un rango habitual de 12 a 15 millones de galones a más de 30 millones, y el precio del galón cayó de entre 30 y 40 dólares a apenas 10 o 15, con partidas que directamente no encuentran comprador.

Una cadena completa que se reacomoda

El impacto no se queda en el productor. Cada acre menos significa menos jornales de cosecha, menos transporte de uva desde el campo hasta la bodega, menos insumos agrícolas, menos actividad en los talleres de maquinaria agrícola de la zona. En comunidades donde el turismo enológico sostiene hotelería y gastronomía, el cierre de bodegas y viñedos también golpea ahí.

La proyección de la industria, presentada en el simposio Unified de Sacramento en enero de este año, es que la eliminación acumulada de viñedos entre 2023 y 2026 podría llegar a 117.000 acres, sobre un total de 590.000 acres que California tenía en 2024. Es una reducción de aproximadamente uno de cada cinco acres plantados en el estado.

No todo el sector atraviesa la crisis de la misma manera. Las bodegas con marca fuerte, clubes de vino propios y venta directa al consumidor logran sostener el negocio. El problema más profundo está en los productores independientes que dependen exclusivamente de vender uva a terceros, sin marca propia ni canal de venta directo.

Napa no es Lodi, y esa diferencia importa

Uno de los puntos que más repiten los productores es que la crisis no golpea parejo. Napa Valley, la región más reconocida del estado, también redujo superficie y vio caer precios, pero sostiene mejor el impacto gracias al turismo, la venta directa en bodega y una marca instalada que le permite cobrar más por botella. Sonoma está en una posición intermedia: convive con bodegas boutique fuertes y con productores independientes que sí sienten de lleno la caída de contratos.

El caso más duro es el del Valle Central y zonas como Lodi, donde durante décadas se sostuvo el volumen que abastecía a las bodegas grandes con vinos de precio accesible. Ahí la lógica es distinta: el productor no vende directo al consumidor, depende exclusivamente del contrato anual con una bodega, y cuando ese contrato no se renueva no tiene a quién más ofrecerle la cosecha. Es la misma dinámica que atraviesa cualquier eslabón de una cadena de abastecimiento cuando pierde a su comprador principal y no tiene un canal alternativo: el volumen que antes garantizaba escala se convierte, de un año para el otro, en el problema.

La industria también señala un factor adicional: el consumo más bajo entre generaciones jóvenes. Distintos relevamientos del sector ubican el consumo per cápita de vino en Estados Unidos en su nivel más bajo en 90 años, con consumidores que reemplazan el vino por cerveza artesanal, bebidas espirituosas listas para tomar o directamente por menor consumo de alcohol. Es un cambio estructural de demanda, no una caída coyuntural, y por eso la respuesta de la industria no es esperar a que el mercado se recupere solo, sino reducir la superficie plantada hasta un tamaño que el consumo actual pueda sostener.

Qué revela para quien mira desde la logística

En logística uno aprende a leer estos procesos por la velocidad del ajuste. Cuando la demanda cae de forma sostenida y la oferta tarda en reaccionar, el desacople no lo absorbe solo el precio. Termina reacomodándose toda la estructura: superficie cultivada, empleo estacional, transporte, financiamiento, infraestructura instalada. California construyó durante un siglo la escala más grande de producción vitivinícola del país, y hoy esa misma escala es la que le cuesta bajar sin dejar heridas.

Para las regiones productoras de la Argentina, el caso ofrece más una referencia que una amenaza directa. Muestra qué pasa cuando la producción no ajusta a tiempo el ritmo de la demanda, y por qué sostener contratos firmes entre productor y bodega, con financiamiento asociado, termina siendo una pieza tan importante como la calidad de la uva misma.

Fuentes:

San Francisco Chronicle

California Association of Winegrape Growers

Silicon Valley Bank — State of the U.S. Wine Industry Report 2026

Sonoma County Winegrowers

Farm Progress: https://www.farmprogress.com/grapes/california-on-track-to-raze-another-40-000-acres-of-vineyards

Forbes: https://www.forbes.com/sites/lizthach/2025/11/13/crisis-in-us-vineyards-whats-next-for-american-wine-growers/

Omar Rocha