02 Logística rural · 9 de agosto de 2026
La chicharrita vuelve a marcar la cosecha de maíz en el norte argentino, tres años después de la peor plaga de la historia reciente del cultivo
En el NOA y el NEA, la cosecha 2025/26 cierra con más daño que la campaña anterior. No es una repetición del desastre de 2023/24 — pero confirma que la chicharrita dejó de ser un evento aislado para convertirse en una variable fija del calendario maicero del norte. (La chicharrita del maíz, Dalbulus maidis, es un insecto de pocos milímetros que por sí solo no daña la planta. El problema es lo que transporta: al picar, puede inyectar el Spiroplasma kunkelii, la bacteria que causa el achaparramiento del maíz, una enfermedad que frena el crecimiento de la planta y puede arruinar la espiga antes de que se forme el grano.)
En el norte argentino la cosecha de maíz de este invierno viene con un dato que ya nadie discute en el campo: hay más daño que en la campaña pasada. La causante es la chicharrita, Dalbulus maidis, el mismo insecto que en 2023/24 protagonizó la crisis sanitaria más grande que recuerda el cultivo en la Argentina.
No se trata de una repetición de aquel desastre. Pero sí de una confirmación: la plaga llegó para quedarse en el calendario productivo del norte, y cada campaña obliga a medirla, entenderla y planificar en función de ella.
Una plaga chica con un problema grande detrás
Dalbulus maidis es un insecto monófago: solo se alimenta y se reproduce en plantas de maíz. Una hembra puede poner entre 200 y 400 huevos, y en el norte argentino la plaga completa entre siete y nueve generaciones por año, según datos de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC).
El insecto en sí mismo no es el problema. El problema es lo que porta: el Spiroplasma kunkelii, conocido como CSS (Corn Stunt Spiroplasma), causante del achaparramiento del maíz. También puede transmitir un fitoplasma (Maize Bushy Stunt) y el virus del rayado fino. Los tres integran lo que en el sector se conoce como “complejo de achaparramiento”. La bacteria queda alojada en el insecto de forma persistente: una vez que un ejemplar la adquiere, la transporta el resto de su vida.
El daño puede ser total. Investigaciones citadas por la EEAOC ubican los niveles de pérdida potencial del achaparramiento en hasta el 100% del rinde en los casos más severos, cuando la infección ocurre en estadios tempranos del cultivo.
2023/24: el año que cambió la forma de mirar al maíz
Para entender por qué el sector sigue con un ojo puesto en la chicharrita cada invierno, hay que volver a la campaña 2023/24. Ese año, un escalonamiento amplio en las fechas de siembra —producto de lluvias dispares— sumado a un invierno benigno, con menos heladas y temperaturas mínimas más altas, permitió que las poblaciones del insecto sobrevivieran y crecieran antes de lo habitual. La plaga, históricamente acotada al norte, se corrió hasta la zona núcleo del país, justo en una campaña que había registrado la siembra de maíz más grande de la historia en esa región.
El resultado fue una de las mayores crisis sanitarias del agro argentino en las últimas décadas. Según cifras difundidas por el INTA, las pérdidas superaron los USD 2.500 millones, y la producción nacional de maíz cayó de los 57 millones de toneladas estimados inicialmente a 46,5 millones de toneladas finales.
Esa misma campaña, en medio de la emergencia, el INTA logró secuenciar el genoma completo de Dalbulus maidis, un hito científico que hoy es la base de buena parte de las estrategias de control que se están desarrollando.
De la emergencia a la Red: dos años de monitoreo sistemático
La crisis de 2023/24 dejó una estructura que no existía antes: la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, coordinada por la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar) junto con Aapresid, CREA, INTA, AAPPCE y la propia EEAOC. Desde 2024, la Red releva de forma periódica la presencia del insecto en trampas amarillas pegajosas distribuidas en las principales zonas maiceras del país, y publica informes regionales que hoy son la principal herramienta de decisión para productores y asesores.
El seguimiento de la campaña 2025/26 muestra una dinámica despareja según la región. El informe N° 39 de la Red, con datos relevados entre el 17 de marzo y el 1° de abril, ya marcaba una fase de “incremento acelerado” del vector en gran parte del país: en el Litoral, el 70% de las localidades registraba presencia, con picos en Entre Ríos —Villa Mantero llegó a 1.069 adultos por trampa; Colonia Celina, a 867—.
Dos semanas después, entre el 2 y el 17 de abril, el panorama se agravó: el 91% de las localidades relevadas ya tenía presencia del insecto, y hasta el 80% de las trampas marcaba niveles máximos de captura. Entre el 6% y el 13% de los ejemplares analizados portaba efectivamente el patógeno CSS. Sin embargo, ese pico llegó tarde para afectar el grueso del cultivo: la mayor parte del maíz ya estaba en estadios reproductivos avanzados, una fase donde el daño potencial baja fuerte.
Para el informe N° 41, de principios de mayo, el mapa regional ya mostraba matices: el NOA y el Centro-Norte sostenían poblaciones estables y con alta presión —el 94% de las localidades del NOA capturó más de 100 adultos por trampa—, mientras el NEA y el Centro-Sur registraban incrementos y el Litoral empezaba a mostrar una leve retracción. La Red remarcó, de todos modos, que el grueso de la cosecha 2025/26 ya estaba fuera de riesgo relevante.
Con la llegada de las heladas de mayo, el informe N° 42 confirmó lo que se esperaba: el frío y la amplitud térmica comenzaron a reducir las poblaciones del vector en varias regiones. La campaña 2025/26 cerró, en la zona núcleo, prácticamente sin daños significativos en espigas.
El norte, otra velocidad
El problema es que esa foto nacional esconde una realidad distinta en el norte. Allí, donde la chicharrita es endémica desde hace años, la cosecha avanzó durante julio con niveles de daño “considerablemente mayores” a los de la campaña anterior, según coincidieron especialistas de Aapresid, la EEAOC y CREA.
La explicación tiene que ver, otra vez, con el calendario. En el norte predomina el maíz tardío, cuya siembra recién arranca en enero. Eso significa que el cultivo llega a sus etapas más vulnerables en un momento del año en el que las poblaciones de chicharrita todavía están en pleno crecimiento —a diferencia de la zona núcleo, donde el maíz temprano ya estaba en estadios avanzados cuando el vector alcanzó sus picos—.
En Chaco, esa combinación ya está moviendo decisiones productivas concretas. “Estamos planeando hacer un cambio casi total en nuestro caso a sorgo”, señalaron productores de la zona, según relevó Infocampo, en referencia al reemplazo parcial de superficie maicera afectada por el vector.
De todos modos, el impacto sobre el total nacional sigue siendo acotado. Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha de maíz llevaba a mediados de año un avance del 56%, con rindes promedio en torno a los 81 quintales por hectárea —por encima de la campaña 2024/25 y del promedio de los últimos cinco años en regiones como el NEA, ambos núcleos y el norte de La Pampa-oeste de Buenos Aires—. La proyección de producción nacional se mantiene en unos 68 millones de toneladas, sobre una superficie sembrada de 10,2 millones de hectáreas.
Lo que se aprendió en tres campañas
Lo que cambió desde 2023/24 no es la presencia de la plaga —la chicharrita es endémica del norte argentino desde mucho antes— sino la capacidad del sistema para anticiparla. “Todavía estamos aprendiendo a manejar el maíz bajo este nuevo escenario. Son solo tres campañas de aprendizaje acumulado, y sabemos que esto no se resuelve de un año para otro”, explicó un técnico del sector consultado por Infocampo, que remarcó que la plaga no pone en discusión la importancia del maíz para la economía del norte: sigue siendo el cultivo que más biomasa, cobertura y aporte de carbono da al sistema productivo.
Las herramientas que hoy se están consolidando son tres. La primera es la elección de híbridos con mayor tolerancia al complejo de achaparramiento, una práctica que ya es estándar en Brasil y Paraguay y que la EEAOC viene evaluando en ensayos propios desde la campaña 2023/24. La segunda es el control de los llamados “maíces guachos”: plantas que nacen de forma voluntaria antes de la siembra formal y que funcionan como puente verde, permitiendo que el insecto sobreviva entre una campaña y la siguiente. La tercera es concentrar las fechas de siembra en cada región, para no dejarle al vector una disponibilidad de maíz fresco durante todo el año, que es justamente lo que facilita su multiplicación y la dispersión del patógeno.
A esto se suma el propio monitoreo: según productores del norte consultados por medios especializados, es “la herramienta más barata y efectiva” disponible hoy para tomar decisiones a tiempo, antes de que la ventana de control se cierre.
La agenda que viene
El futuro inmediato del debate técnico tiene fecha y lugar: del 4 al 6 de agosto, en el marco del Congreso Aapresid 2026 en Rosario, especialistas de Aapresid, la EEAOC y CREA van a poner en agenda el balance de esta campaña y las definiciones para la 2026/27, que llegará con un escenario climático de Niño que podría favorecer las condiciones para el vector en las regiones endémicas.
Para la logística del norte, el resultado de esa discusión no es un dato menor. Cada punto de daño evitado o sufrido en el maíz mueve semilla, agroquímicos, flete, secado y acopio en una región donde el cultivo sostiene buena parte del movimiento operativo del invierno. La chicharrita no se va a ir del norte argentino. La diferencia, cada campaña, la va a marcar qué tan temprano se la detecta y qué tan rápido se actúa.
Omar Rocha
Logística y Operaciones · Agosto 2026
Fuentes:
• Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis (Maizar, Aapresid, CREA, INTA, AAPPCE, EEAOC) — informes N° 39, 41 y 42
• EEAOC, Revista Avance: “El desafío de la chicharrita del maíz”
• ASA: “Complejo de Achaparramiento del Maíz. Situación campaña 2023/2024”
• INTA / Infobae: “La chicharrita de maíz en la mira”
• Agrolatam: “Maíz: la chicharrita amenaza rindes y millones en el norte argentino” y “Crece la amenaza de la chicharrita y el maíz apuesta todo al frío”
• Infocampo: “El norte bajo presión: la chicharrita del maíz se confirma nuevamente como una firme amenaza” y “Panorama agrícola: terminó la soja, el maíz volvió a sufrir daños por chicharrita y el trigo sigue repuntando”
• Ruralnet: “Fuerte avance de chicharrita: supera niveles de 2025…” y “Chicharrita en maíz: las heladas empiezan a reducir las poblaciones…”
• Bichos de Campo: “Si bien llega tarde, la chicharrita del maíz marca picos históricos en el NOA, NEA y Centro-Norte”