03 Logística internacional · 6 de septiembre de 2026

Maersk le suma inteligencia artificial al trámite aduanero, antes de que la carga llegue al puerto

La naviera danesa integró su plataforma de aranceles con el seguimiento aduanero para anticipar clasificaciones y detectar riesgos antes de que el contenedor esté en tránsito. Qué cambia para un despachante y qué tan lejos —o cerca— está la Argentina de un salto parecido.

Clasificar correctamente una mercadería frente a la aduana puede llevar horas de trabajo manual: cruzar el nomenclador, revisar resoluciones vinculantes, buscar antecedentes de productos parecidos. Maersk acaba de anunciar que buena parte de ese trabajo va a resolverlo la inteligencia artificial, antes de que el contenedor toque el puerto.

El 18 de agosto de 2026, la naviera danesa presentó en un foro organizado junto al Centro de Transporte y Logística del MIT una integración entre dos de sus plataformas: Trade and Tariff Studio, pensada para clasificación arancelaria y cálculo de derechos, y Customs Navigator, el sistema que sigue el estado de los despachos una vez que la carga ya está en movimiento. Hasta ahora funcionaban por separado. Juntas, permiten anticipar un problema antes de que aparezca, en lugar de reaccionar cuando ya generó una demora o una multa.

Qué hace exactamente la herramienta

El usuario puede subir un documento, pegar el link de un producto o directamente sacarle una foto. La IA extrae los atributos relevantes y propone una clasificación arancelaria, con un puntaje de confianza y links a las fuentes que la respaldan, como resoluciones vinculantes o guías regulatorias oficiales. El sistema también monitorea cambios normativos de forma continua y avisa cuando una modificación de arancel o una nueva exigencia de cumplimiento puede afectar un embarque que todavía no salió.

Vale una aclaración técnica breve: clasificar arancelariamente significa asignarle a cada producto un código dentro del nomenclador aduanero internacional, que define qué derechos de importación paga y qué regulaciones le aplican. Es un trabajo minucioso, y un error de clasificación puede derivar en pagos de más, demoras en el despacho o sanciones.

La plataforma también integra requisitos de distintas agencias de control en un mismo panel, algo que hoy suele resolverse consultando organismos por separado, y suma una capa de seguimiento sobre riesgo de trabajo forzado en la cadena de proveedores, un punto cada vez más exigido en mercados como el estadounidense y el europeo. Poder anticipar esa exigencia antes de embarcar evita, en el mejor de los casos, que un contenedor quede retenido en destino sin que haya de por medio un motivo estrictamente comercial.

El dato que cambia la lectura

Maersk eligió lanzar esta integración en un momento particular. Según la propia compañía, la Aduana de Estados Unidos está priorizando la devolución de aranceles cobrados de más sobre declaraciones no liquidadas, luego de un fallo de la Corte Suprema de febrero de 2026 que invalidó una serie de aranceles aplicados bajo una ley de emergencia económica, con reembolsos que tardan entre 60 y 90 días desde que se los solicita. Ese nivel de volatilidad normativa es, según Maersk, el que justifica pasar de un esquema reactivo a uno que anticipa el impacto de un cambio de regla antes de que la mercadería esté en tránsito. Los primeros usuarios reportan menos horas dedicadas al análisis manual de datos y mayor visibilidad sobre dónde se generan las demoras: por puerto, por agencia de control, por corredor comercial.

Qué cambia para quien trabaja en comercio exterior

Para un despachante o un gerente de comex, esto no significa que la tarea desaparezca. Cambia el tipo de trabajo. En lugar de cargar datos y buscar antecedentes a mano, el rol pasa a revisar y validar lo que la IA propone, sobre todo en los casos donde el puntaje de confianza es bajo o el producto es ambiguo. La responsabilidad legal de una clasificación incorrecta, igual que hoy, sigue siendo del importador, así que la recomendación práctica es simple: usar estas herramientas para ganar velocidad, pero sin aceptar una clasificación automática sin que alguien con criterio la revise primero, en especial en los rubros con mayor sensibilidad arancelaria.

En la Argentina, la digitalización aduanera viene avanzando, aunque por otro carril. La Ventanilla Única de Comercio Exterior Argentino (VUCEA) sigue sumando trámites que se validan de forma automática en el Sistema Informático Malvina, el que usa la Aduana para procesar las declaraciones. Desde el 1° de septiembre de 2026, por ejemplo, se incorporan a ese esquema las licencias de importación de los contingentes arancelarios del acuerdo Mercosur-Unión Europea. Es un avance real: menos papel, menos tiempo de espera entre organismos. Pero todavía es un salto distinto al que está dando Maersk. Acá se automatiza el flujo del trámite; allá, la IA empieza a proponer directamente qué código arancelario le corresponde a un producto.

La mirada operativa

Para quienes gestionamos operaciones y comercio exterior, la pregunta no es si estas herramientas van a llegar a la región, sino cuándo y en qué escala. Las pymes exportadoras no van a tener acceso inmediato a una plataforma como la de Maersk, pero sí les conviene empezar a entender cómo funciona, porque ese estándar de servicio en algún momento se lo va a pedir un cliente, un socio comercial o la propia naviera con la que trabajan. Y para los despachantes, el desafío no es de reemplazo sino de reconversión: el valor de su trabajo se corre hacia la supervisión y la interpretación de casos límite, no hacia la carga de datos repetitiva.

Por experiencia, ese corrimiento ya se viene dando de forma artesanal en muchas operaciones locales, con planillas propias y controles cruzados manuales. Lo que cambia con una herramienta así es la escala: lo que hoy hace una persona revisando producto por producto, mañana lo hace un sistema que además deja trazabilidad de por qué eligió ese código y no otro.

No es un cambio que vaya a resolver de un día para el otro los cuellos de botella de una aduana como la argentina, con procesos más fragmentados y menos digitalizados que los de una naviera de escala global. Pero marca una dirección: la clasificación arancelaria, una de las tareas más manuales del comercio exterior, empieza a dejar de serlo. Vale la pena seguirle el rastro a cómo evoluciona, porque es el tipo de tecnología que termina bajando, tarde o temprano, a operaciones de cualquier tamaño.

Omar Rocha